INDUSTRIA CULTURAL

La hegemonía se vive en todos los países. Los ricos tienen el control sobre los pobres, se aprovechan de los individuos que no tienen más alternativa que sujetarse a lo que demandan. Hemos dejado que dominen nuestra mente; que controlen lo que comemos, decimos y pensamos. 

Los funcionalistas, estructuralistas y la escuela de Frankfurt, buscan una explicación del porqué los medios de comunicación son coactivas. Con diferentes puntos de vista y algunas diferencias, sin embargo, los tres concuerdan en que la supremacía está presente y que son a través de los medios de comunicación que tienen mayor rango de propagación.   

Todo lo que vemos y escuchamos es un material manejado por los que tienen los recursos y poder, como es el caso de los políticos. Nos crean una realidad: su realidad. Con la finalidad de estar sujetos a ellos. Mientras nosotros no hagamos lo contrario a lo que dicen estaremos en estado de alienación, viviendo una ideología que no es nuestra. Nos creemos libres tomando las únicas opciones que nos proponen, vamos por la vida como corderitos, que sin razonar siguen a la manada.

Los funcionalistas se centraron en investigar el fin de la comunicación colectiva, “La racionalidad técnica es el carácter coercitivo de la sociedad alienada” (Adorno y Horkheimer, 1947). Se refieren a que, si dominas la cultura, dominas la economía. Todo individuo se convence, se manipula a través de los sentidos, especialmente por medio del habla y escucha. La industria cultural es simplemente el medio de entretenimiento que nutre nuestra mente, hay una frase que dice “somos lo que vemos y escuchamos” y no creo que exista una frase mas acertada que esta, ya que efectivamente las películas, canciones, discursos, novelas y todos los programas que consumimos sea del medio que sea: televisión, cine o radio, siempre imitaremos lo que nos proyectan. Al final de cierto programa decimos “me proyecté”, desde luego que sí, porque somos esa realidad que nos han creado, vivimos tan de prisa viviendo al día, que no tenemos tiempo de reflexionar y razonar el porqué hacemos lo que hacemos y actuamos como actuamos.

E. Shils, esgrimiendo criterios estéticos, intelectuales y morales, adopta la distinción entre la cultura superior o refinada, la cultura mediocre y la cultura brutal. (Mattelart, 1995). Si alguien se quiere hacer el astuto e intenta salir del estado de alienación entonces le venderán una cultura mediocre, si no consumimos reguetón le presentaremos el jazz, pero un jazz a su favor, y así con cada estilo musical o cualquier tipo de arte como el cine y fotografía. Creemos estar informados y ser intelectuales y consumimos la misma cultura, solo que maquillada. Han buscado estrategias para que no podamos contrarrestarlos.

Necesitamos consumir la cultura refinada, es aquella donde podemos ver un panorama diferente, donde se aprecia las imperfecciones del gobierno, donde despertamos de aquel falso sueño cuando salimos del estado de alienación y vemos como nos controlan, entonces, estaremos consumiendo una cultura de provecho, donde podremos crecer y no ser simples corderos.

Por otra parte, están los estructuralistas, quienes se centran en analizar los signos y los medios lingüísticos. Investigan como la semiología se desarrolla en una sociedad y su impacto sobre ella. Como su nombre lo dice “estructuran” a la sociedad, y esto inicia desde el lenguaje, es decir, desde el momento que traemos esa naturaleza de comunicarnos y lo desarrollamos de distintas maneras, y es el entorno o contexto social como dice Vygotsky, quien se encarga de nuestro lenguaje, de ese idioma que comenzamos a reproducir.

Nacemos con la necesidad de expresarnos, de transmitir como nos sentimos y lo que pensamos, considero que la etapa de bebé es el único momento donde lloramos o reímos nuestros pensamientos y sentimientos, aunque no tengamos como tal noción de ello, pero es que en realidad nunca lo tenemos.  

Los medios comunicativos constantemente juegan con nuestras emociones, esto lo vemos reflejado en los discursos y cómo nos impactan, sobre todo los publicitarios, que nos logran convencer y caemos constantemente en el consumismo, perdemos la inteligencia emocional y se lo otorgamos a quienes tienen el poder de los medios, dejamos que decidan cómo queremos sentirnos día a día.  

Se supone que el lenguaje es una serie de palabras que forman frases que podemos razonar y analizar, pero realmente no lo hacemos de manera adecuada. Saussure nos explica cómo el signo que es la idea, el significante que es el juicio y el significado que es el raciocinio se entrelazan entre sí para llegar a un óptimo entendimiento y tener argumentos del porqué creemos en cierta ideología.

Guy Debord afirma en su obra, La Société du spectacle: “Que el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizadas por imágenes”. Debord intenta decir que el significado final que le damos a algo es por la connotación que nos hacen ver. Por ejemplo, en los anuncios publicitarios nos venden productos presentados por modelos que evidentemente no usan el producto, pero que ya de por si lucen esa piel y figura. Nosotros no razonamos eso, simplemente nos dejamos pragmatizar por lo que vemos y damos por hecho que nos veremos de igual manera. Cuando dudamos de esta idea e intentamos razonar entramos en una denotación que es precisamente eso, la lucha de ideas que tenemos en nuestra mente de saber que no te verás igual, pero que al mismo tiempo el anuncio fue tan bueno que te hace creer que sí.

Debord también nos explica que una sociedad que es portadora del espectáculo no solo domina su hegemonía económica, sino que también puedo hacerlo con otra sociedad, es decir, cuando una nación esta consciente de sus productos y de como pueden manipular a otras para que consuman, entonces comienzan a producir no para su nación sino para otras y de esta manera se enriquecen ellos.

A simple vista podemos mencionar a EE.UU. cómo ejerce su espectáculo sobre nosotros, a pesar de que tenemos mejores recursos e incluso dárselo a ellos para que no los presenten de manera bonita, atractiva y con una etiqueta de marca, le consumimos lo que en algún momento fue nuestro pero que no supimos dominar y pagamos lo triple de lo que realmente nos debería costar.

Es justamente así, como comienza una dependencia cultural. La escuela de Frankfurt, nos amplía el conocimiento en este tema, como bien sabemos toda nación es movida por gobernantes, que al mismo tiempo estos son movidos por la economía que lejos de beneficiar a su población buscan su propio beneficio. Precisamente de esta situación nace el Marxismo que es simplemente la viva expresión del comunismo que desea implementar la “igualdad” entre todos los individuos, que no haya diferencias de clases, sino que todos tengan lo mismo, nadie puede tener más que otro, ni menos que otro.

La escuela de Frankfurt hace una expresión crítica del Marxismo, donde se opone rotundamente a esta idea, ya que, sabemos que el desarrollo de toda sociedad se debe al desarrollo personal de cada individuo, si nos limitan a crecer, también se estarían limitando a ellos mismos como la autoridad.

 A pesar de las evidentes consecuencias, existen países como cuba que lo implementan, es por esa misma razón, que propusieron la sociología funcionalista, que consiste  en que sin importar que métodos industriales se implementen, se encargará de evaluar, analizar el comportamiento y el impacto que tiene sobre esa sociedad, que a su vez servirá de antecedentes para esa misma nación y otras, porque no significa que lo que le funcionó a uno, le va a funcionar a otro.

La escuela de Francfort nos explica la idea de “industria cultural imaginaría” ya que en sus investigaciones llegan a la conclusión de que la cultura fue creada para vender, todo lo que se considera arte tiene que dejar algo monetario, de lo contrario, no sirve y es catalogado un rezago. Como prueba de ello, tenemos que el arte que se convierte en un producto audiovisual vendible, el cine, fotografía, teatro, entre otras. No son más que mercado cultural, creadas para vender espectáculos que manipulen nuestra forma de ser y consumir.

La racionalidad actual es simplemente la manera en que emplean técnicas sobre nosotros y nos transmiten ideas de carácter coercitivos mediante los medios de comunicación, con la finalidad de que estemos en un estado de alienación para si ser dominados y controlados por quienes tienen el poder y libertad económica. De esta manera, logran una conjunción estigmatizada sobre una sociedad mediocre que consume una cultura brutal y que somos incapaces de despertar e ir en contra de su industria cultural y mucho menos contra las ideologías que crean bajo su poder.  

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